“Me enamoré de Santa Ana desde el primer día y no me iría jamás de este lugar"

Marta Denardi, peluquera jubilada y artista, es vecina de la localidad desde hace unos 20 años aproximadamente. Dejó todo y se vino desde la ciudad de Córdoba cuando el lugar era prácticamente un paraje y se instaló a plasmar óleos, su verdadera pasión.
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“Me enamoré de Santa Ana desde el primer día y no me iría jamás de este lugar"

Marta Denardi, peluquera jubilada y artista, es vecina de la localidad desde hace unos 20 años aproximadamente. Dejó todo y se vino desde la ciudad de Córdoba cuando el lugar era prácticamente un paraje y se instaló. “Me enamoré de Santa Ana desde el prímer día. No me iría jamás de este lugar”, le cuenta a La Voz de Santa Ana, mientras intercambia historias de pasado y presente, y muestra su importante colección de pinturas que crea desde la cocina, que se convirtió en su atelier. 

El amor por la pintura lo tiene desde niña. “Cuando era chiquita llevaba las hojas y los lápices y me sentaba a pintar la iglesia del barrio, después quería vender esas creaciones (risas), ¡porque había que comprar colores y todo lo necesario!, así que mis tías y distintos familiares se encargaban de comprarme los dibujos”, relata
rememorando una época en la que rondaba los 6 años. Tiempo después, ya en la escuela primaria, era la encargada de hacer los trabajos de sus compañeros. Terminaba el suyo y seguía con los de los demás
hasta que tuvo una mala experiencia, la única, cuenta, relacionada a esta pasión por la pintura. “Como no llegué a tiempo de hacer su trabajo, un compañero me golpeó. Fue terribe, tenía mucho miedo, pero no abandoné mi amor por ésto”.

Su casa, ubicada en calle 15, está repleta de pinturas de todo tipo. Trabaja con óleos y se encarga de plasmar en la tela paisajes, rostros, distintos elementos y caballos “lo que más le gusta a la gente”, cuenta.

Es alumna desde hace 12 años del taller de la artista Laura Llanos, a quien agradece cada nuevo detalle incorporado a su técnica. “estoy en el taller con Laurita que es toda una profesional. No voy a tener otra
profesora así, le debo todo ésto a ella. Tenemos un hermoso grupo de trabajo y hemos expuesto en diferentes lugares”, relata. 

Su llegada a Santa Ana fue “la mejor decisión que tomé en mi vida. Creo que fue en el momento justo. Dejé mi peluquería y hasta mi marido, me instalé y no me fui más”, manifiesta, y agrega: “no había nada, las calles eran imposibles de transitar, no había luces, el colegio secundario funcionaba en un galponcito...era tan diferente y
está tan linda ahora que yo no voy a ningún lado. Mis parientes me visitan, se instalan y salimos a caminar. La gente, el lugar, es todo muy hermoso. José Luis (Becker) le ha puesto muchas pilas y se nota el gran crecimiento que ha tenido la zona. Me vine porque estaba atravesando un año donde había tenido muchas pérdidas, entonces mi hijo mayor me dijo “por qué no te vas unos días a la casa de Santa Ana?”, la habíamos comprado con una herencia de la reparación histórica de mi primer esposo porque él fue un desaparecido. Me alcanzó para esta casita Pasaron los primeros 15 días y le dije a mi hijo: “no me quiero ir más. Yo ya me saqué los tacos
altos, estoy jubilada si quiero hacer algo, lo hago acá. Me siguieron muchas clientas, y a los seis meses más o menos se vino mi marido. Me encantaba ensuciarme los pies con sandalias, que mis nietos jugaran con tierra...era otra vida. Como dije, la mejor decisión”, finalizó.  ead6fbc2-de6d-4a14-aad4-041b77cf3d5e (1)

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